El placer sexual siempre ha estado castigado por la religiones que nos rodean. Puede que la simple concepción humana haya sido la culpable de esta empresa que llegó de la mano de seres que se hacían pasar por virtuosos. Parece que la idea de poder tener un placer tan fuerte y de forma gratuita no puede ser concebido por la concepción de las masas sociales. Parecía una forma de control, un castigo que iba más allá de lo material para así mantener a todos los seres humanos como seres asexuado para una causa meramente biológica. No lo entiendo, bueno, más bien entiendo los intereses que subyacen a esta idea: el miedo. Miedo que si mi mujer es un ser sexual se vaya con otro, miedo a que si mi marido se masturba es porque yo no le “doy lo que necesita”. Nos quedamos en esa fase tan precaria del pensamiento que se lleva a cuestionar el valor del raciocinio humanos. Los beneficios del sexo ya están más que explicados en el ser humano: aumenta la relajación muscular, aumenta el nivel de endorfinas… Entonces, ¿por qué se sigue llevando con miedo y paraliza hablar del tema? Porque nos castigaron, nos expulsaron del Edén y ahora nos sentimos cohibidos por deidades que no entendemos. El ser humano es capaz de decir: “si hace calor, invento el aire acondicionado”. Pero no es capaz de asumir que hicimos lo mismo a nivel sexual. Es cierto, decidimos aumentar nuestro placer y no dejarlo al margen de una etapa de celo, o a merced de las hormonas, o por un sentido meramente reproductivo. Nos gusta disfrutarlo, pero seguimos sin admitirlo, como si viniera “El Coco” por decirlo muy en alto. Son susurros, meros susurros. La gente ríe a carcajadas sobre el tema, lo evitan, dicen que eso son cosas personales…Manteniéndonos a todos en una ignorancia que apenas nos guía y nos perjudica más de lo que pensamos. La educación sexual sigue reprimida por las personas que piden control social, hipocresía es lo que veo. Dicen lo que es un condón, pero si se te ocurre darle uno a un chaval de dieciséis años para que lo ponga a modo de aprendizaje sobre un plátano –por ejemplo-, te pueden denunciar. Pregúntale a ese adolescente, si cuando lleva el momento de ponerse el preservativo, no le vienen dudas sobre su uso y se le hubiera venido bien utilizar la fruta de ejemplo. Luego decimos que queremos prevención, pero primero deberíamos de prevenir nuestros pensamientos más ignorante.
Un abrazo a todos.
Enrique Luis
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18-03-2012
Carta a San Valentín
Creo que Gila diría algo así como: “¿Hola? ¿Es San Valentín? Mire, quería saber cuando va a volver de vacaciones, es que creo que la excedencia que usted se tomó ha producido un déficit grave en la empresa y se va a pique”. Al margen de mi pésimo humor, debo decir que es triste ver cómo la economía ha ganado al amor en este caso. Es cierto, el ser humano necesita fechas que le recuerden acontecimientos: navidad, cumpleaños, día del padre y de la madre….Pero cuando llega un momento en que lo que realizamos pierde la esencia del amor significa que hay un desastre apunto de acontecer. No voy a escribir ahora que el amor se demuestra todos los días (eso lo escucháis en todos los sitios), sino más bien que si nos proponemos un acto de San Valentín por lo menos que lo hagamos bien, de corazón, como el regalo que le haces a un amigo porque “te sale del alma”, pues aquí lo mismo. Es un momento para tomarnos un tiempo a solas con nuestra pareja y aprovecharlo, fomentar nuestra sexualidad y capacidad erótica, enseñarle a ese ser que tenemos a nuestro lado o pretendemos tenerlo que nos importa de veras.
Puedes regalar bombones, flores, invitar a cenar, pero ¿por qué al margen de eso no expresamos también nuestros sentimientos? No hay mejor afrodisíaco. Al margen de porque éstos no existan en el mundo material, es porque el ser humano es afectivo. Esta capacidad de mostrar nuestros sentimientos y emociones es la que a potenciado nuestra capacidad de supervivencia durante muchos años. Pero al margen de lo social, la naturaleza nos brinda con otro regalo: la voluntad de poder ejercer el sexo cuando queramos y con total libertad. Nuestras emociones cambiaron nuestra biología hace mucho tiempo porque fuimos superior al tiempo y a las estaciones del año que nos hacían estar en celo. Ahora somos seres capaces de mirar a alguien fijamente a los ojos y poder sentir esas cosquillas en el estómago y expresarnos con nuestro cuerpo, nuestro tacto, nuestro olor y nuestro placer erótico a aquello que amamos.
Creo que no hay más que decir. Ahora toca actuar.
Enrique Luis
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19-02-2012
Manos agrietadas, corazón joven.
No está de moda envejecer juntos. Es más, la gente no quiere ni envejecer. Parece que nos pasamos la vida combatiendo algo y poner como enemigo ni más ni menos que a la misma naturaleza. El amor que se procesa en la vejez era admirado por lo más jóvenes en una época donde se aclamaba la necesidad de encontrar alguien especial con quien compartir tu vida. El otro día estaba en el metro de Barcelona y me senté junto a una pareja de ancianos. Cuando sonó la parada que les correspondía a ambos, el marido se levantó con esfuerzo y mientras buscaba a poyo alargó su mano para que su mujer lo tomara. Ella lo abrazó, no solo con ternura, sino también con confianza. Ese gesto me dejó anonadado. No porque pareciera raro, sino por el miedo a que en un futuro si que fuera inusual poder ver ese tipo de gestos. Nadie piensa ya en ese amor a largo plazo, piensan que es algo obsoleto y que no tiene cabida en una sociedad que avanza hacia la soledad.
Muchos ni siquiera se cuestionan que en esta edad se mantengan relaciones sexuales. Uno de los motivos es la falsa correlación entre la senectud y la bajada de necesidad sexual. Parece que el mito dice algo así: “cuando te haces mayor el pene se cae a trocitos, la vagina se cose y no tiene uno ganas de nada porque ya no es joven”. Es un mito con el que se debe de acabar, porque las necesidades son las mismas. Existe en la vejez una bajada de hormonas –en la testosterona-, pero eso no tiene nada que ver con el deseo o la excitación. De echo, en nivel de testosterona para que exista una motivación sexual está en el umbral medio, si una persona se inyecta testosterona de más, no existe una mayor motivación sexual salvo el placebo inherente en las mentes humanas.
La capacidad de amar no se altera a lo largo del tiempo, aunque la cultura haga hincapié en intentarlo. Un estudio realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Califonia confirma hallazgos en la vejez. Según la investigación realizada con más de 800 mujeres mayores de 60 años, éstas manifestaron que se sienten mucho más satisfechas con su sexualidad que cuando eran jóvenes.
Hace pensar en que la sabiduría del tiempo puede tener más fuerza que la “vitalidad” de una juventud. Unas manos agrietadas no muestran la capacidad de un corazón.
Enrique Luis
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05-02-2012
Uno, dos, tres: ¡¡¡SONRÍE!!!
El ser humano fue creado con una cantidad enorme de emociones negativas: furia, enfado, tristeza...Pero es curioso ver cómo cada uno de nosotros lucha por conseguir una: la alegría. Se define como un estado de bienestar, una sensación psicológica de vida que invade nuestro cuerpo haciendo benigna cada uno de los acontecimientos externos que nos rodean. Te puedes reír por cualquier cosa, incluso hay autores que atribuyen este fenómeno a cualquier acontecimiento no esperado que produce una sensación de control y no se percibe una consecuencia negativa. Puedes reírte por alguien que no cumple las normas sociales pero no se percibe en él ningún atisbo de maldad. Muchas veces lo haces porque alguien es él mismo.
No puede uno decantarse por una taxonomía existente sobre el porqué de una sonrisa, pero sí sabemos lo que significa cuando alguien lo hace: sencillamente está viviendo. La gente tiene la tendencia a unirse a personas que siempre se están riendo y que comparte un concepto de la vida positivo. La naturaleza es adaptativa y lo demuestra con creces. ¿Quién no tiene un amigo que cuenta los mejores chistes? ¿Cómo lo valoras? Yo lo tengo y la verdad es que estoy deseando siempre que vuelva para poder entonces compartir un retazo de vida con él.
La risa está localizada en la zona prefrontal de la corteza cerebral, la parte más evolucionada del cerebro. En esta zona, según los expertos, reside la creatividad, la capacidad para pensar en el futuro y la moral.
Sigmund Freud atribuyó a las carcajadas el poder de liberar al organismo de energía negativa. Esta capacidad fue científicamente demostrada cuando se descubrió que el córtex cerebral libera impulsos eléctricos negativos un segundo después de comenzar a reír.
Cuando reímos, el cerebro emite una información necesaria para activar la segregación de endorfinas, específicamente las encefalinas. Estas sustancias, que poseen unas propiedades similares a las de la morfina, tienen la capacidad de aliviar el dolor, e incluso de enviar mensajes desde el cerebro hasta los linfocitos y otras células para combatir los virus y las bacterias.
En otras palabras: por reírte no pierdes nada. Se rumorea que una sonrisa equivale a cuarenta y cinco minutos de yoga. ¿Consejo? ¡Haz las dos cosas!